6 cosas que tienes que tener presente cuando veas porno.

6 cosas que tienes que tener presente cuando veas porno.   Por Rebeca Lust.
Bien saben l@s nacid@s en las décadas anteriores a los noventa, cuando Internet era poco menos que un proyecto primigenio conocido sólo por una minoría, de las dificultades que era el acceso a imágenes o vídeos de sexo explícito antes de la mayoría de edad.
En estos años, algunos kioscos de prensa dedicaban uno de sus laterales a la exhibición de revistas eróticas y pornográficas que generaban el interés de muchos y muchas viandantes de todas edades. La adquisición de este tipo de material estaba reservado a un perfil determinado de persona, varón (por supuesto), de dieciocho años en adelante que bien deseaba iniciarse, “coger ideas” o salir de su monótona vida sexual.
Tanto las películas de vídeos en el mítico formato VHS o BETA, como las revistas de este género, eran en muchos casos intercambiadas dentro de un círculo próximo que incluía amistades y familiares, todo ello como forma de amortizar más la compra y evitar la incómoda nueva adquisición.
Ya en los 90, comenzó la emisión de canal+. Canal que codificaba parte de su emisión a través de unas “rayitas” característica que hacían ininteligible la imagen y el sonido para los no abonados, pero que dejaban intuir algunos aspectos de la escena como la silueta de los personajes. Este canal, daba una especial cobertura al cine y guardaba el viernes de madrugada para l@s aficionad@s al porno, una sesión compuesta de una o dos películas de sexo explícito. Y es que este momento de la semana no sólo estaba reservado para abonad@s sino también para los que no lo eran. Much@s  decían que era más estimulantes interpretar y fantasear “entre rayas” el desarrollo de la escena sólo observando la silueta del cuerpo y sus movimientos. “Dejarse los ojos” a oscuras estaba plenamente justificado por una buena masturbación.
El inicio del nuevo milenio vino acompañado de la violenta irrupción e integración de las nuevas tecnologías en nuestras vidas, algo que cambió parte de nuestros hábitos en muchos aspectos. ¿Estoy preocupado porque me ha salido una mancha en el brazo?, pues busco una explicación convincente en internet. ¿Se me ha retrasado la regla varios días?, a ver qué cuentan en la red. ¿Estoy sol@ en casa y me entran cosquillitas ahí abajo?, pues me pongo un video en mi web favorita mientras me satisfago.
Y es que podemos decir que de forma generalizada, los hábitos sexuales de much@s internautas se han visto afectados (en unos casos más que en otros) fundamentalmente por el uso frecuente del porno. Esa inmediatez que proporciona internet unido al potente refuerzo que genera la visualización de cuerpos desnudos en plena acción, puede facilita cierto ”enganche” a esta herramienta.
De este modo, pasamos de una pauta de excitación centrada en la fantasía, donde es la persona quien elabora una escena con sus actores y correspondiente desarrollo, a la posibilidad de poder elegir (como en la carta de un restaurante) un producto ya elaborado a modo de escena de diversa índole.
Todo ello, puede llevarnos a una continua reincidencia que extinga los hábitos primigenios con los que nos excitábamos en el inicio de nuestra carrera sexual, atrofiando cada vez más la capacidad de fantasear y generando una relación de dependencia hacia la nueva pauta.
Conste que no existe motivación alguna por parte de quien firma estas líneas demonizar el uso de esta herramienta, sino más bien de fomentar una reflexión sobre los inconvenientes que pueden llevarnos a un abuso de la misma, como por ejemplo:
  • Pensar que todo lo que ocurre en una escena porno es real. Del mismo modo que no nos creemos todo lo que vemos en el contexto de una película de acción, donde la presencia de efectos especiales está garantizada, debemos saber que la utilización de “trucos y triquiñuelas” en el cine porno estará garantizado. Cortes invisibles al ojo inexperto, uso de fármacos, orgasmos fingidos, eyaculaciones exageradamente abundantes, tamaños sobre dimensionados a través de planos intencionadamente escogidos, etc. forman parte de la realidad del porno.
  • Pensar que eso que veo es lo que hace o desea la mayoría. Sería conveniente adoptar una visión crítica respecto a lo que en este sentido visualizamos. Pensar por ejemplo, que toda mujer heterosexual o bisexual, desea que él termine con una corrida en su cara es poco realista, aun cuando muchas escenas porno terminen de esa manera.
  • Querer llevar a nuestra vida sexual todo lo que vemos en el porno. Por todo lo anterior, es conveniente no elevar a categoría de referencia en mi vida sexual, todo lo que se visualiza en una o muchas películas de sexo explícito, fundamentalmente porque delante nuestra habrá otra persona con sus gustos y preferencias, que serán similares o no a los míos.
  • Confundir abuso con uso. Usar tiene que ver en este caso, con recurrir a la herramienta puntualmente y abusar con hacerlo de manera recurrente, incluso como única estrategia de excitación, algo de reducirá las amplias posibilidades de nuestra sexualidad..
  • El porno no ofrece un modelo saludable frente a la prevención de ETS (y embarazos no deseados). Más del 90% de las escenas se ruedan en ausencia del uso de preservativos por parte de los actores. Estas prácticas generalizadas, pueden inducir a much@s usuari@s a copiar esta pauta insalubre, reforzando aun más creencias del tipo “el preservativo me corta el rollo”, o “con el preservativo no siento nada”.
  • Cánones de belleza. Hombres y mujeres con buen cuerpo, atractivos y normalmente bien dotados protagonizan en la mayoría de los casos las escenas X, algo que puede conllevar a la inevitable y odiosa comparación que favorezcan una baja autoestima en la cama.
Pero no todo lo que rodea al porno es negativo. Hay quien asegura que en determinadas ocasiones, puede suponer un aliciente en el ámbito individual y de pareja. Otros dicen que en algunos aspectos, el porno ofrece una guía de aprendizaje de ciertas prácticas sexuales (sexo oral, posturas coitales, etc.). Argumentos a favor y en contra que en resumen, dificultan un posicionamiento claro y sin titubeos. El debate está servido.
diciembre 2017
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