Duelo

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Aprendiendo a recordar: el duelo
“No tiene sentido levantarse de la cama si ella no está…”, “qué hare ahora que he perdido a mi mujer…”, “si la hubiese cuidado más todo sería diferente ahora…”, “aún tengo tantas cosas que decirla y no puedo…”.
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Pues bien, algunos de estos pensamientos y sentimientos de soledad, culpa y añoranza pueden aparecer cuando una persona ha perdido a alguien o algo que era importante para él y para su vida. Cuando esto ocurre la persona pasará por un proceso individual de adaptación y reajuste a la nueva situación y es importante tener en cuenta que este proceso es normal y no una enfermedad.
El duelo es una respuesta emocional ante la pérdida y separación, total e irreversible, de alguien o algo significativo y supone una profunda experiencia de sufrimiento y vacío, ya que el doliente se ve obligado a desvincularse de una persona u objeto que le aportaba seguridad, y un reajuste de roles en la vida de la persona.
El proceso de duelo se suele asociar a la pérdida de un ser querido, pero este término se refiere a la pérdida de cualquier realidad que sea importante para la persona (un divorcio, la muerte de un hijo, una mudanza o cambiar de colegio). Todas estas situaciones son pérdidas emocionales y generan sentimientos de malestar y desesperanza.
No existe consenso respecto a cuáles son las fases por las que pasa el doliente después de experimentar una pérdida, pero el modelo propuesto por Kübler-Ross es el que tiene mayor relevancia y divide el proceso de duelo en cinco fases:

  • Fase 1: Negación. La persona no puedo aceptar lo ocurrido y tiene sensación de incredulidad.
  • Fase 2: Ira. Aparece la cólera por la pérdida y la persona puede dirigir su rabia y frustración hacia cualquiera que considere responsable de lo ocurrido (por ejemplo, hacia los médicos ante la muerte de un ser querido).
  • Fase 3: Negociación. El hecho de tener que afrontar la realidad junto con el enfado llevan al doliente a negociar para volver a la situación anterior (“si pudiese volver atrás…”).
  • Fase 4: Depresión. Ocurre cuando la persona descubre y empieza a ser consciente de que no va a volver a recuperar lo perdido y aparecen en él sentimientos de tristeza y culpa.
  • Fase 5: Aceptación. La persona acepta su situación y sus sentimientos empezando a recuperar el control sobre su vida. No es una etapa alegre, sino de paz.
Los seres humanos a lo largo de nuestras vidas nos vamos uniendo a cosas y personas afectivamente soliendo asociar a ellas ilusión, expectativas, confianza o seguridad, poniendo por tanto en ellos una parte de nosotros mismos. La unión, a la que llamaremos vínculo, que hayamos creado podrá incrementar o disminuir el dolor ante la pérdida. Por tanto, cuanto mayor sea el vínculo más intenso será el dolor y más complicado será el duelo para la persona.
Ahora bien, nadie puede ponerse en tus zapatos y el dolor que sentirá el doliente es único. No podemos sanar el dolor que implica una pérdida importante pero sí podemos acompañar y tratar de comprender una parte de lo que la persona está pasando, pero nunca llegaremos a sentir lo mismo.
Como el doliente es el único que puede conocer y experimentar su dolor es importante que exprese y no oculte sus emociones ya que aquí es cuando pueden aparecer problemas y ocasionar un duelo complicado o patológico. Cuando, ante la pérdida, queda una relación inacabada, sentimientos no expresados, heridas sin cerrar o palabras no dichas se generan emociones e ideas que quedan acomodadas en la persona y se pueden transformar en una herida de gravedad si no se cura antes.
Para comunicar estas emociones y pensamientos que no fueron expresadas es muy útil escribir cartas de despedida, de amor o de reproche, con todas las palabras que no fueron dichas. No debemos quedarnos con nada dentro. También puedes imaginarte por un momento que tienes al ser querido delante y, mientras mantienes el silencio, imagine que le diría sobre la situación actual y cómo le gustaría a él que siguiese su camino. Después de estas actividades la persona sentirá cierto de grado de alivio que puede impulsarla a retomar el control de su vida.
De manera que, ante una pérdida, el duelo es un proceso individual y normal, necesario para adaptarse a la nueva situación y redirigir la energía emocional, no debemos reprimir los sentimientos y se sale aprendiendo a recordar y no a olvidar.
Finalmente es preciso querernos y cuidar de nuestro interior, conociéndonos y mejorando continuamente para que, en el momento de dolor, tengamos las fuerzas necesarias para superarlo (respetando nuestro ritmo) y evitar que puedan aparecer emociones y conductas problemáticas.
septiembre 2017
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