Curso Inteligencia Emocional a distancia

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Existe un gran número de teorías que llevan a la investigación e interpretación psicológica. Originalmente algunas fueron formuladas como respuestas a las preguntas que parecían importantes en el momento de su concepción o que parecían acordes con las ideas filosóficas prevalecientes, por ejemplo, es posible atribuir la paternidad de las ideas freudianas tanto al clima social e intelectual de la Viena victoriana tardía como a la originalidad de Freud; el trabajo de Jean Piaget, sobre la inteligencia, puede considerarse muy asociado con la tradición racionalista europea (Piaget consideraba que el pensamiento humano intentaba alcanzar el ideal del pensamiento científico; y la concepción predominante de inteligencia que la ligaba a la habilidad para proporcionar respuestas de forma veloz a problemas que implicaban habilidades lingüísticas y lógicas).

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La proliferación y amplia aceptación de las teorías conductistas, se encuentran en el predominio de las ideas cientificistas norteamericanas de la segunda mitad del siglo XX.

La reprogramación de los pensamientos y emociones asociada con la programación neurolingüística, que compara el funcionamiento del cerebro con el de una computadora; o bien el interés actual por la psicología oriental que coincide con nuestra fascinación contemporánea por la conciencia del sí mismo.

De igual manera el concepto de inteligencia tiene su origen en un momento histórico determinado y evoluciona con las ideas y pensamiento filosófico del momento.

Sin embargo, después de más de un siglo de investigación y razonamiento, sería difícil encontrar una mayoría de psicólogos que concuerden en una definición común del término. A pesar de esto, la aplicación de las pruebas para medir la inteligencia y las aptitudes se ha convertido en el principal punto de contacto entre la profesión de la psicología y los usuarios.

Estos instrumentos de medición surgieron en Francia a principios de este siglo ante la necesidad de las autoridades educativas para predecir el éxito o fracaso de los niños en el medio académico y así clasificar rápidamente los niños con bajo rendimiento escolar.

Alfred Binet ideó un conjunto de test consistentes en una serie de preguntas de dificultad progresiva, para descubrir la capacidad en diferentes procesos mentales. Cabe aclarar que la intención de Binet no era la de proporcionar una medida absoluta de la inteligencia, sino de dar una indicación comparativa y discriminatoria de las divergencias respecto a una norma determinada. El CI (Coeficiente Intelectual), como otras modas llegó a Estados Unidos, donde conoció un éxito modesto hasta la primera guerra mundial; entonces fue utilizado para examinar a más de un millón de reclutas americanos y se extendió su uso en forma efectiva.

Lo que sucede aún en las modernas y desarrolladas variantes de estas pruebas, es que sus resultados son comparados con los obtenidos por grupos numerosos de personas de características similares, a través de métodos estadísticos de los cuales se deriva el término de “normalidad”. La cifra resultante denominada coeficiente intelectual (CI) se expresa en términos de porcentajes, un CI de 125 significa un desempeño de un 25% más que el promedio de resultados en una determinada prueba. El CI proporciona una buena indicación general del posible aprovechamiento escolar de los niños, sin embargo, una mala aplicación, el desconocimiento del lenguaje, factores culturales y sociales, una distracción durante la aplicación o la falta de estimulación por parte de los padres; pueden conducir a un punto de vista absolutamente equivocado a cerca del potencial de un-a niño-a o de la persona a la cual se pretende medir la inteligencia.

Esto no importaría tanto si no fuera porque el CI ha adquirido un significado poderosamente concreto para los profesores, los padres de familia, los empresarios y en general para la sociedad. Sus expectativas basadas en una mala interpretación pueden ejercer una influencia decisiva en el desarrollo posterior de niños y personas en general, señalados por esas cifras “mágicas” particulares. Esto es de una naturaleza similar a la de la autorrealización de la profecía: es de esperarse que una persona con una calificación baja tenga un bajo rendimiento, y puede ocurrir que su buen desempeño pase desapercibido debido a la etiqueta de “bajo CI”, y al final la persona misma esperará un bajo desempeño. Saber más

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